sábado, 16 de noviembre de 2013

 Colgados de la incertidumbre, las llaves en la mano, antenta a un segundo de cariño que se puede ir tan rápido como llegó. Abro la puerta, mirando para abajo, conteniendo la rabia y callando los gritos ¿Cómo es que me pude convencer que esto tenía forma? ¿Cómo es que pensé que iba a ganar algo que ni siquiera se deja ganar? Un poco de desconsideración de un lado, y romanticismo idiota del otro no van a llegar a ningún lugar. Así estamos, vos con ella, yo con vos, ella con vos y vos con ella. Yo con nadie, al fin. Atada a la idea que todo puede cambiar, cuando solo yo quiero cambiar las cosas. Con sueño, con hambre, y ahora enojada, abro el ascensor, la puerta principal del edificio y te veo partir. Y la verdad, no me sorprende. Es decir, deberías haberte ido antes.