No entiendo para qué te elijo, o te lloro en silencio. Se que en el preciso instante en que suene ese celular y en su pantalla aparezca su nombre, voy a estar preguntándome qué hago; qué hago tan mal para olvidarme de todo aquello que alguna vez nos separó. Y si acaso nos acercamos lo suficiente como para momentáneamente no pensar en ello, cuando nuestros labios se separen todo de nuevo va a colapsar; puedo perdonar que te hayas ido, pero no perdonaría que te hayas ido... con ella.
Y en realidad
con nadie.